Mis talleres

Dicto talleres de escritura creativa y narrativa.

Se trata de encuentros semanales —a distancia, por Zoom— en los que proponemos ejercicios para “soltar” la mano, romper el bloqueo, trabajar los textos, aprender a dominar el arte de contar historias. También leemos y comentamos textos de grandes autores y autoras.

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Contar, contarse

¿Por qué escribir? Las posibles respuestas a esta pregunta son innumerables. Pero en esencia se pueden reducir a una: porque escribir proporciona un montón de beneficios y satisfacciones.

Escribir es una forma de expresión, de sacar afuera lo que tenemos en nuestro interior, eso que muchas veces sentimos que nos bulle adentro y que necesitamos contarle al mundo.

Escribir, además, ayuda a ordenar las ideas, las sensaciones, los sentimientos. Volcar en el papel o en la pantalla eso que nos pasa, ponerlo en palabras, es una excelente manera de procesarlo y de hallarle un sentido. Por lo tanto, escribir es una manera de entender lo que nos pasa, de entendernos mejor a nosotros mismos.

Escribir es también un estímulo para la memoria. Implica indagar en los propios recuerdos, recuperar cosas del pasado, reencontrarse con gente, revisitar territorios que quizá se consideraban perdidos, revivir experiencias y, a menudo, verlas de otro modo: darles un significado más profundo y más valioso, gracias a la perspectiva que ofrece el paso del tiempo.

Escribir permite hacer catarsis, exorcizar ciertos “demonios”, liberarnos de cosas que nos hacen mal. Escribir no sustituye a la terapia, desde luego, pero a menudo es terapéutica: alivia, tranquiliza, hace bien.

Escribir es, por lo demás, un medio para contar historias. Y eso es lo que configura nuestra identidad: somos las historias que contamos, incluidas las que nos contamos a nosotros mismos. “Las cosas que nos pasan cobran sentido cuando las oímos contadas: recién ahí entendemos —anota Juan Forn en su novela Puras mentiras—. Le decimos a alguien (o alguien nos dice a nosotros) qué nos pasó, y de pronto es eso lo que nos pasó”.

Y a veces, si uno tiene bastante paciencia y dedica a la escritura el suficiente tiempo, el esfuerzo y las energías necesarias, lo que uno escribe puede ser bello. Además de dar satisfacción a uno mismo, puede generar placer a los demás. Puede ser valioso, digno de ser compartido, publicado, puede circular, hasta puede dejar de ser propio, porque —como escribió Borges— “lo bueno ya no es de nadie, sino del lenguaje o la tradición”.

¿Se puede enseñar a escribir? Es una pregunta reiterada infinitamente. No tiene una respuesta definitiva. No sé si se puede enseñar a escribir. Pero estoy convencido de algo: sí se puede aprender a escribir. Y el taller —con alguien que guía y propone lecturas, con gente que lee y comenta, aporta nuevas miradas y puntos de vista y sugiere alternativas— puede ser un espacio muy oportuno para ese aprendizaje.


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Si querés saber más o te interesa participar, podés escribirme a cristianvazquez24@gmail.com

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